Y me senté y sentí.

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Y me senté mirando al mar, desde ahí observaba la orilla de la playa, la brisa me acariciaba la piel y mi sonrisa por fin estaba calmada. En ese mismo instante cerré los ojos y recordé, te recordé. Desde ahí me vi por primera vez pues yo era el resultado del camino que había dejado atrás y esa suma de pasos determinaba hoy mi personalidad, así que me senté y agradecí.
 
En la vida nos quejamos de los pasos que nos tocan, juzgamos el camino del contrario, peleamos con las piedras que se cruzan y a veces retrocedemos sobre los pasos ya dados. Pero yo ese día me senté, respiré y sentí. Sentarse implica cuestionarse tu camino pues ya tienes claro qué quieres y qué no quieres en tu vida, pero sentarse también implica ser ejemplo, inspiración y valentía. Sentarse es hacer una pausa en tu vida, sentarse es ver y arrancarse las sombras sin anestesia, sentarse es aceptar tu pasado y sentarse te hace tomar consciencia de a quién quieres ver paseando a tu lado. 
 
Hace tiempo me decías que todo aquello que escribiera debía pasar por el filtro de la verdad. Qué mayor verdad hay en esta vida que ser tú misma, sin miedos, sin barreras, sin adornos de realidad. Qué mayor verdad hay en esta vida que equivocarse y volverse a equivocar.
Unos lo llaman despertar a la vida, otros consciencia, otros vivir el presente para mí fue simplemente saber quién era, qué necesitaba y hacia dónde iba. Frente a mí se abría un gran horizonte sin saber muy bien qué era eso que la vida me tenía preparado. Me senté para valorar mi camino. Tal vez hubiera sido más sencillo continuar, pero fue imposible frenar el impacto. Gracias a él descubrí que sentimientos quería que me acompañaran, descubrí mis creencias, mis valores, mis proyecciones y al fin entendí mi historia, esa que estaba dormida en mi inconsciente.
 
Me encanta ver cómo cada uno entiende su camino de una forma, están los que son todo acción, los que son todo pensamiento y los que son todo corazón. Admiro a los que viajan solos para encontrar experiencias en su caminar y no dejo de aprender de las personas que son capaces de mantener la calma ante la adversidad. Sonrío con la gente positiva e intento trabajar la compasión y la serenidad. Y me senté a observar lo diferente porque tal vez ahí también podía aprender antes de volver a retomar mi camino. Brisa, sigue acariciando mi piel pues gracias a ti entra y sale el aire por mis pulmones y por primera vez respiré sabiendo que nada ocurre por casualidad.
 
Y sentada me pregunto: ¿qué sentido le doy a la vida?, quiero pensar que la existencia es algo tan mágico que cada persona que consigue despertar tiene algo increíble para aportar en este mundo. Y el mundo está lleno de gente increíblemente maravillosa.
 
Sólo hay que abrir los ojos para mirar...
Quién sepa mirar descubrirá....
 
Y me senté y sentí.